jueves, junio 16, 2005

Los niños cantores de ... una escuelita, no de Viena.

Por lo general, me atraen más las películas que no tienen finales felices o lo dejan abierto y medio borroso, ya que el efecto que me producen como espectador es siempre esa mezcla de angustia (en la mayoría de los casos) con curiosidad, pero en algunos casos, el final feliz es estrictamente necesario para la unidad de la historia y para un espectador satisfecho y feliz (no es conformidad frente a la obra).
Me parece que esta historia sencilla y sutil, está constantemente en el límite.
En el límite de lo que producen los niños huerfanos, en una escuela pobre, con profesores que los maltratan y que no los entendienden, que no son lo suficientemente pedagógicos con este tipo de niños, en una Francia después de la segunda guerra, casi destruída, sin mucho que celebrar en su victoria, con un protagonista muy bien caracterizado dentro de su prototipo de hombre bonachon y genialidad musical perdida, un hombre que tiene a estos niños como su único contacto con la humanidad y una posible familia, un hombre que lo da todo por los niños (por su vocación pedagógica) y por la música (su pasión). También están muy bien caracterizados los personajes de los niños, los malos, los buenos, el inocente, el genio. Todo en su lugar, todo muy estereotipado. Para que hablar de la locación, una escuela en medio de la nada, rodeada de bosques, casi sin posibilidad de salvación de estos pobres niños, de hecho el nombre de la escuela ya es muy literal frente a lo que se está contando. La escena de la llegada del profesor a la escuela: está nevado, el profesor mira el nombre de la escuela y se encuentra con Pepinot(?) quien espera todos los Sábados la llegada de su padre en su busqueda, dándonos a primera, lo que se nos viene. Es una historia, que si la cuento como la he escrito, parece ser predicible y cebollenta.
Pero la gracia de esta historia es eso mismo... si cuentas de que se trata, no parece con mucha gracia, nada original, pero verla en imágenes, es distinto.
Tiene una dirección y actuaciones notables de todos los personajes, no caen en recargamientos o exageraciones que molesten, no cae en la tragedia griega. Yo creo que debe ser muy difícil trabajar con niños, y la actuación de estos...nada que decir.
La foto es sencilla, pero está totalmente en concordancia con lo que cuenta la historia, de hecho, hay planos en donde se nota el cine francés, el cine europeo, ese cine independiente y no se si bien o mal llamdo cine arte, ya que en la escena donde el profesor prueba la voz de los niños , se nota la entrada a foco de estos en el plano, sea a propósito o no, de la un toque.
Generalmente a mi me agota el cine francés ya que exageran en el uso de diálogos (a mi parecer), pero esto no ocurre en esta película. Todo está en su equilibrio, no hay nada de más ni de menos.
Y la música original... nada que decir, solo escuchar.
En resumen: equilibrio, sencillez, sutilezas, armonía y un final feliz que esta historia se merece.

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